25 ene. 2010

Mundos y pañuelos

Habiendo llevado una vida itinerante desde pequeño, he tenido la suerte de ir dejando amigos en sitios muy diversos. Es un gusto el poder tirar de agenda para echar unas cervezas con buenos amigos aunque estés lejos de casa.

Un efecto secundario de esa itinerancia es que he podido comprobar la verosimilitud de la osada conjetura de los seis grados de separación (pareciendo una chorrada a priori). 'El mundo es un pañuelo'  se suele decir cada vez que se produce alguna coincidencia.

 Como aquella vez que:
  • ...mi padre, viajando de Madrid a Teherán (o de vuelta) se encontró en un aeropuerto europeo a un antiguo profesor mío de Inglés que iba de Londres a Tokio.
  • ...en un congreso estudiantil en Eindhoven descubrí a una muchacha húngara que conocía a varios de los amigos que había hecho en Egipto 5 años antes.
  • ...que una de esas amigas se acabó casando con un caballero anglo-portugués y se fue a vivir a escasos 50 km de mi casa.
  • ...mi querido Chmeee se fue de Sevilla a Madrid a trabajar para acabar colaborando (y padeciendo) a varios individuos que me conocían de Vigo.
  • ...recién entrado a trabajar en Puerto Real (Cádiz) trabé amistad con un ingeniero escocés, natural de la misma ciudad (Dundee) donde había estado estudiando el año anterior.
  • ...asistí a una sesión formativa para entrenadores de baloncesto para reconocer en el prestigioso entrenador que la impartía a un antiguo compañero de pachangas playeras (estupendo tirador) en Baiona.
  • ...me encontré en Sevilla con un caballero originario de la misma comarca rural que mi señor padre. Por supuesto, siendo esta una típica comunidad del rural gallego, ambas familias se conocen y comparten grados esotéricos de parentesco.
Cosas de la movilidad y los viajes baratos (supongo).

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