5 ago. 2009

Todo es un escenario

Hoy toca libro.

Las últimas navidades (¿o fue por mi cumpleaños?) me cayó un pequeño lote de libros de un género que me gusta frecuentar, la ciencia ficción. Otro día defenderé este gusto, hoy voy a ir al grano (más o menos).

Cada vez que me toca hacer un viaje largo, procuro llevar conmigo un Mortadelo y un par de libros entretenidos para matar las esperas y horas muertas. Como se trata de lectura evasiva, suelo acudir a la fantasía humorística o algún thriller de ciencia-ficción. Por ejemplo, en este último viaje han caido Moving Pictures de Terry Pratchett (*) y el Cryptonomicon de Neal Stephenson.

Leyendo el último (900 páginas de tensión en torno a la 2ª Guerra Mundial) me he acordado de el último libro que me gustó tanto como el de Stephenson: El Globo de Oro de John Varley.

Dos cosas me llamaron la atención sobre le libro inicialmente.

La primera es que no llega a las 300 páginas. Hoy en día, parece que editar un libro de menos de 1 kilo de peso no sea rentable. Esto es verdad en todos los géneros narrativos, pero en los fantasiosos más aún.

Es raro encontrar un lanzamiento que no esté compuesto por 3 o más tochos de 600 páginas cada uno. ¿Qué pasa? ¿Qué pagan ahora se paga a tanto por palabra como a los notarios de antaño?

El segundo aspecto que me sorprendió fue la temática. Estamos habituados a que las historias de ciencia-ficción giren en torno a luchas sin cuartel por la supervivencia de la especie/planeta, explorar los límites del universo o guerras por controlar una tecnología indistinguible de la magia.

El Globo de oro no tiene nada de esto. Es un cruce entre novela negra y picaresca que se desarrolla en un futuro imaginado. El autor no pretende que flipemos con las armas del futuro, ni sus computadoras, ni especies alienígenas o ecologías impresionantes.

Varley
quiere contar la historia de un actor de teatro (Sparky Valentine) tramposo y algo tocado del ala que trata de sobrevivir en los bajos fondos del sistema solar. El prota es un truhán lleno de recursos al que sólo le mueve una cosa aparte de conservar su propia vida: actuar sobre un escenario.

El libro está muy bien escrito. Narrado en primera persona casi por completo, el autor consigue pegarnos a la historia y atraernos de forma untuosa hacia el personaje de Valentine. Entre el relato principal se van intercalando con maestría cortos flashback hacia su propio pasado.

Estos flashback sirven como interludios teatrales entre escenas de la trama principal y para que comprendamos mejor cómo Sparky Valentine ha llegado a ser como es. Especialmente interesante es la constante presencia de su amigo Elwood P. Dowd siempre a su lado cuando más lo necesita.

¡Ah! Por si fuera poco, hay referencias constantes, pertinentes y bien traidas a William Shakespeare y su obra a lo largo de todo la historia. Algunas son reinterpretaciones verdaderamente delirantes (la comicidad es otra constante del libro).

En resumen, si tenéis ganas de pasar un buen rato mientras seguís las peripecias de este peculiar lazarillo de tormes huye de La Mafia Carontesa (esos si que meten miedo del bueno) al tiempo que busca hacerse con el papel de su vida (Lear) os lo recomiendo.

(*) Hoy me enterado de que el señor Pratchett sufre una variedad de Alzheimer temprano. Mi más sentido abrazo hacia un tío que me ha hecho reirme como pocos.

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