28 sept. 2010

Nihilismo II: Enfrentando la nada

Hace casi un año, escribí sobre la frontera nihilista absoluta: Todo se va a acabar. La vida, como fenómeno desaparecerá del universo. No quedará ni un mísero bit de información. Si las leyes que explican la Entropía están en lo cierto ( y todo parece indicar que lo están) sólo es cuestión de tiempo que el universo quede como si nunca hubiése existido nada.


Supongo que la idea de esa "nada" me da vueltas desde que leí "La historia Interminable" de Michael Ende:
-¿Y qué más? -rechinó Pyernrajzark-. ¿Por qué estás aquí, Blubb?

-En Podrepantano, nuestro país -siguió diciendo entrecortadamente el fuego fatuo-, ha ocurrido algo... algo incomprensible... Es decir, está ocurriendo aún... Es difícil describirlo... empezó por, es decir... Bueno, al este de nuestro país hay un lago... o, mejor dicho, había... llamado Cálidocaldo. Y todo empezó porque, un día, el lago de Cálidocaldo no estaba ya allí... Simplemente había desaparecido, ¿comprendéis?

-¿Quiere usted decir -preguntó Úckuck- que se secó?

- No -repuso el fuego fatuo-, en tal caso habría ahora allí un lago seco. Pero no es así. Donde estaba el lago no hay nada... Simplemente nada, ¿comprendéis?-¿Un agujero? -gruñó el comerrocas.

-No, tampoco un agujero -el fuego fatuo parecía cada vez más desamparado-. Un agujero es algo. Y allí no hay nada.

-¿Qué aspecto tiene... huyhuy... esa nada? -preguntó el silfo nocturno.

-Eso es precisamente lo que es tan difícil de describir -aseguró el fuego fatuo con tristeza-. En realidad, no se parece a nada. Es como... como... Bueno, ¡no hay palabras para describirlo!

-¿Como si uno se quedara ciego al mirar ese lugar, no? -se le ocurrió al diminutense.

El fuego fatuo lo contempló con la boca abierta.
Cuando lei el libro de Ende, sólo asocié la idea de esa Nada al reino de la Fantasía y punto. Después de leer el de Seife,  he de reconocer que no he podido dejar de darle vueltas al concepto.

No tanto por encontrarle un sentido vital o un motivo al final del todo, sino para enfrentarme al hecho superando la frustración que me produce. Como Atreyu, la Nada me desespera e incita a luchar contra ella a partes iguales.

He buscado ayuda en la física (que aún no tiene claro si sus leyes son Inmutables) en el hedonismo (la cerveza helada, gracias) y en la filosofía del Carpe Díem que preconizó Epicuro:
"La muerte es una quimera, pues cuando yo estoy, ella no está; y cuando ella está, yo no."
Pero parece que no hay recetas que se enfrenten a ello sin recurrir a la metafísica (que no sé apreciar) . ¿Qué me queda? ¿Nada? Supongo que tengo que recurrir al mecanismo mental humano más eficiente para sobrellevar las cosas inevitables que no deseamos: el humor.



No lo soluciona, pero al menos lo hace más llevadero.

P.D.- Como soy un optimista enfermizo, sigo abrigando la esperanza de que ese destino de nada nunca llegue a ocurrir.

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